jueves, 6 de mayo de 2010

“IRON MAN 2”

Muchas veces me preguntan cómo ejemplificar la dialéctica cine comercial-cine de autor con una película reciente y la tarea no resulta tan fácil; porque a veces, en cintas que evidentemente sólo buscan entretener y generar taquilla, el director busca el modo de establecer algunos toques de estilo o al menos demostrar pericia narrativa y técnica.

“Iron Man 2” (2010), dirigida por el actor estadounidense Jon Favreau es un ejemplo cabal de cine comercial, para espectadores que sólo buscan pasar el tiempo, porque realmente no puede resultar entretenida una cinta tan insípida y que incluso desperdicia un reparto de actores que ya se lo querría un cineasta con un buen proyecto. Resulta casi increíble como actores como Don Cheadle, Scarlet Johansson, Gwyneth Paltrow, Sam Rockwell, Mickey Rourke y Samuel L. Jackson pueden ser tan mal utilizados como en “Iron Man 2”.

Tal vez parte de la responsabilidad la tiene el hecho de que el director de la cinta es un actor, Jon Favreau, que ni siquiera se ha destacado en esa función. Además, Favreau, de 43 años, había dirigido antes cuatro cintas que nadie recuerda por su aporte al lenguaje cinematográfico: “Made” (2001), “Elf” (2003), “Zathura” (2005) e “Iron Man” (2008), la primera de esta saga, que es de esperar que muera con esta segunda versión, dado el bajo nivel estético alcanzado.

La cinta está basada en el personaje de cómic del mismo nombre, que fue creado en 1963 por Stan Lee y Don Heck, para la empresa Marvel; y que simboliza la conjunción perfecta entre el hombre y la máquina, con súper poderes como la fuerza, la energía y el electromagnetismo. Se dice que sus creadores se inspiraron en el millonario Howard Hughes, siempre obsesionado por los avances tecnológicos, al igual que el padre de Iron Man, Howard Stark, también millonario y empresario exitoso del área del desarrollo científico.

El guión de esta versión no registra para nada la complejidad de este súper héroe y científico; al contrario el personaje es narcisista e insoportable, al igual que la actuación que proyecta Robert Downey Jr. en el rol protagónico. La verdad es que ninguno de los personajes resulta convincente y las acciones son predecibles y se alargan más de la cuenta.

Ni el teniente coronel James Rhodes (Don Cheadle), supuestamente amigo de Tony Stark, ni su secretaria y luego gerente Pepper Pots (Gwyneth Paltrow), ni sus protectores, los agentes Nick Fury (Samuel L. Jackson) y la bella Natasha Romanoff (Scarlet Johansson) resultan creíbles y caen en la maqueta o en la insulsez.

Menos los villanos, el físico ruso Iván Vanko (Mickey Rourke) o el empresario de armas Justin Hammer (Sam Rockwell) logran superar el lugar común o menos convertirse en un símbolo del mal, como podría ocurrir en una historieta que se precie. Es tal la autocomplacencia de la cinta que Favreau se permite encarnar a un personaje secundario, el chofer y entrenador de Iron Man, Happy Hogan, supuestamente cómico, que sólo hace más notoria la mediocridad de un filme, que se arrastra por más de dos tediosas horas.
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