jueves, 29 de abril de 2010

“LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES”

La investigación periodística en profundidad se presta para realizar interesantes cintas de intriga y suspenso, con un guión sólido y personajes bien delineados. Baste recordar “Todos los Hombres del Presidente” de Alan Pakula o “A Sangre Fría” de Richard Brooks.

“Los Hombres que no amaban a las Mujeres” (2009) del danés Niels Arden Oplen se podría inscribir con honores en esta línea, ya que aparte de estas virtudes narrativas, la historia está filmada con un depurado y eficaz lenguaje cinematográfico, que la convierte en una película difícil de olvidar.

La cinta está basada en la novela homónima del periodista y escritor sueco Stieg Larsson (1954-2004), primera de su trilogía póstuma Millenium, que hace alusión a la revista en que escribe y de la cual es co-propietario el periodista Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist), el protagonista de esta cinta que oscila entre el policial y el trhiller psicológico.

En las primeras escenas, Blomkvist se ve enfrentado a un juicio por difamación, por parte de un magnate, a quien ha acusado de tráfico de armas y drogas y cuyas pruebas se han desarmado, llevándolo a una condena de tres meses de prisión, que deberá cumplir seis meses después.

En plena crisis posterior al fallo es tentado para iniciar una peculiar investigación: la desaparición no resuelta hace cuarenta años de Harriet Vanger (Ewa Fröling), la sobrina de Henrik Vanger (Sven-Bertil Taube), un multimillonario que vive sólo con su ama de llaves en un castillo, ubicado en una isla cercana a Estocolmo.

Esta investigación es la columna vertebral narrativa de la cinta, alrededor de la cual surgirán otras historias relativas a estos personajes y sus historias pasadas. En el caso de Lisbeth Salander (Noomi Rapace), hacker e investigadora privada, que se hará asistente y amante de Blomkvist, mediante flash back que nos entregarán datos de su presente sometido y de su personalidad rebelde y violenta.

Como dice la propia Salander, Blomkvist está “limpio”, lo que lo hace predecible y virtuoso; en cambio Lisbeth (la que ama a Dios en hebreo) es un personaje atrayente por su complejidad e impredecibilidad, que son la base de la segunda y tercera parte de la saga literaria, que esperamos sea llevada al cine. El otro personaje clave es Martin Vanger (Peter Haber), sobrino de Henrik, símbolo de la discriminación enfermiza por sexo y raza, tan acendrada en la Europa central y del norte.

Arden Oplen, de 49 años y con cuatro largometrajes anteriores, “Pórtland” (1996), “Chop Chop” (2001), “Venceremos” (2006) y “Mundos Aparte” (2008); demuestra su pericia audiovisual, logrando que el espectador se sumerja no sólo en la intrigante historia y sus ramificaciones sociales e históricas, sino también en el mundo interior de cada uno de los personajes protagónicos, con sus debilidades, sus traumas, sus emociones y sus opciones, en un mundo violento y corrupto, demasiado turbio para soportarlo, única razón plausible para que Arden Oplen se permita un final lúdico y de comedia.
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