viernes, 16 de abril de 2010

“LA ISLA SINIESTRA”

El espectador cinematográfico tiende a creer como cierto aquello que nos muestra el director, por la objetividad de la imagen fílmica; a pesar de que lo que vemos puede ser producto de la imaginación, la fantasía o una alucinación de alguno de los personajes del filme.

Eso, en todo caso, no hace que lo que presenciamos sea menos real; sólo nos demuestra que no existe una única aproximación a la realidad y que esta es mucho más compleja y rica de lo que aparenta a primera vista o de lo que queremos creer. Por extensión, también se podría decir que esta situación manifiesta que no existe una sola aproximación a la obra de arte, en las cuales participen en distinto grado la objetividad del filme; y la subjetividad de la experiencia del espectador.

Esta reflexión es totalmente válida a partir de la última cinta del cineasta estadounidense Martin Scorsese, “La Isla Siniestra” (2010); que además pone en relieve la madurez creativa que ha logrado este autor. Scorsese, de 67 años, ya es parte de la historia del cine, con películas como “Taxi Driver”, “El Toro Salvaje”, “El Rey de la Comedia”, “New York, New York”, “Alter Hours”, “Buenos Muchachos”, “Cabo de Miedo”, “Casino”, “Historias de Nueva York”, “Los Infiltrados”, entre otras.

“La Isla Siniestra” parece ser una película policial. También parece ser una película de terror, donde ocurren situaciones paranormales, a lo cual colabora la distorsionadora sinopsis. No es ni una cosa ni la otra. Es una cinta acerca de los mecanismos mentales que posee el ser humano para defenderse de lo que le hace daño, que en el filme se presentan en planos paralelos, que hacen difícil, sino imposible, separar lo que es verdad de lo que no lo es, ya que finalmente lo importante es que todo es real.

Así vemos en las primera imágenes, ambientadas en los comienzos de los años cincuenta, como los alguaciles federales Teddy Daniels (Leonardo di Caprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) llegan a una isla prisión de asesinos enfermos mentales, debido a la misteriosa desaparición de la prisionera-paciente Rachel Solando (Emily Mortimer).

Esta prisión-clínica es dirigida por el Dr. Cawley (Ben Kingsley), quien es secundado por el Dr. Naehring (Max von Sydow), dos extraños psiquiatras: el primero es partidario de la ayuda psicológica y el segundo de los fármacos, del electroshock y de la lobotomía. Esto es así porque en la isla, y en la realidad que vemos, todo tiene al menos dos caras. En la otra, Teddy Daniels puede ser Andrew Laeddis, paciente hace dos años en la isla y a quien le han permitido recrear parte de su pasado, para ver si de este modo enfrenta su verdad; y Chuck el psiquiatra de cabecera de Laeddis.

También existe una segunda Rachel Solando (Patricia Clarkson), que tiene otra interpretación de lo narrado visualmente. Además, su nombre es anagrama de Dolores Chanal (Mabelle Williams), la esposa de Teddy/Andrew, origen en parte de la enfermedad de su marido, asociada a terribles hechos de violencia, tanto familiares, como en su pasado más remoto, cuando combatió en la Segunda Guerra Mundial y le tocó liberar al Campo de Prisioneros de Dachau, Alemania; recuerdos y pesadillas en certeros flashback como sondas a la memoria y el subconsciente, que dan cuenta de las profundas fisuras que provoca el dolor no asumido.
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