viernes, 4 de diciembre de 2009

“LUNA NUEVA”

La cinta “Luna Nueva”, así como la anterior de la saga, “Crepúsculo”, basan su éxito de taquilla en una combinación incontrarrestable: vampiros sofisticados y una relación de amor entre adolescentes, uno de ellos murciélago y ella, una bella y romántica muchacha.

Además, por estos días, están de moda la historias de vampiros y hombres lobos, sus primos originarios y enemigos según la tradición; los que se incorporan de forma radical a la historia amorosa, sin llegar a constituir un triángulo, pero sí lo suficiente como hacer dudar a la atractiva adolescente, Bella Swan (Kristen Stewart).

Basado en la novela de Stephenie Meyer, el filme “Luna Nueva” (2009) fue dirigido por Chris Weitz. Ëste, de 40 años, había dirigido con anterioridad tres largometrajes junto a su hermano Paul: “American Pie” (1999), “De Vuelta a la Tierra” (2001) y “About a Boy” (2002); y en solitario “La Brújula Dorada” (2007), cintas que demuestran un buen nivel técnico, pero la carencia de una visión personal de autor.

Este manejo eficiente se ve ratificado en “Luna Nueva” con la administración controlada de los momentos dramáticos, centrados siempre en el conflicto que significa una historia de amor entre un vampiro “joven”, Edward Cullen (Robert Pattinson) y una humana, Bella, que, sin embargo, tiene una serie de particularidades, amén de su comprometido sentimiento y de ser hija del jefe de policía, Charlie (Billy Burke) de un pequeño pueblo en el norte de Estados Unidos.

Uno de los ejes dramáticos de esta historia es el alejamiento de Edward, ante su negativa de que Bella se transforme en vampiro, como un modo de seguir juntos para siempre, a lo que la joven está dispuesta, a raíz de su profundo amor por este glacial murciélago. Este impasse da cabida para la entrada a primer plano de un antiguo amigo de infancia de Bella, Jacob Black (Taylor Lautner), el más joven de una larga familia de licántropos, los cuales tienen un pacto de no agresión con los vampiros, el que corre peligro por el amor mutuo a Bella.

Como se ve, la película centra su atracción en el conflicto amoroso; primero por la negativa de Cullen a transformar a Bella en vampiro, luego por su alejamiento a contrapelo; y por último, por la arremetida afectiva de Jacob, el cual pretende conquistar a toda costa a Bella, teniendo que conformarse con su amistad.

Pero la verdad es que los personajes carecen de profundidad y por lo tanto no comprometen al espectador, en sus emociones ni tampoco en sus simpatías hacia alguna de las alternativas de desenlace de la historia, que se suceden a un ritmo endemoniado, para que el público no se distraiga, a pesar del largo excesivo de la cinta, más de dos horas de duración.

Como remate, el final deja claramente establecido que vendrá una secuela, para seguir exprimiendo la fórmula mágica: una cinta de amor dirigida al público adolescente, sin mayor profundidad, aderezada por la participación de vampiros y hombres lobos, pero que no le hacen daño a nadie, con mejores sentimientos que los propios humanos.
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