viernes, 23 de octubre de 2009

“X- MENS ORIGENES: WOLVERINE”

Cada vez más hay cintas que dejan muy en claro que existe una línea diferenciadora entre el cine comercial y el cine de autor. Una de las opciones del cine comercial frente a la penetración y masificación de alternativas de entretención, como la televisión y los videojuegos, han sido las llamadas megaproducciones

Una de las principales características de éstas es precisamente la eliminación del estilo de dirección, banalizando el trabajo del cineasta y estandarizando la producción, de modo que no se note una autoría en el filme, logrando un producto tal que, supuestamente, garantizará la masiva afluencia de público.

“X-Mens Orígenes: Wolverine” (2009), precuela de las anteriores cintas sobres los famosos mutantes, cumple a cabalidad con esta definición, por varias razones que saltan a la vista: personajes superficiales, desaprovechamiento de los elementos de interés de la historia; abuso de las escenas de acción; utilización recurrente de efectos especiales para aumentar la espectacularidad, más que para reforzar el contenido del filme.

Esto a pesar de que contaba con una serie de antecedentes que podrían haber posibilitado, más allá del millonario presupuesto invertido en ella, la realización de una cinta interesante y con un sello distintivo. Entre ellos, el nombre de su director, Gavin Hood, director sudafricano de 46 años, que había dirigido cuatro cintas, tres de ellas en su país y la última de éstas, “Tsotsi” (2005), había ganado el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Pero, al parecer, Hollywood lo absorbió rápidamente con su maquinaria comercial y desnaturalizadora.

Otro dato importante es que ésta era la cuarta entrega sobre la historia de los X-Mens o Mutantes, personajes del cómic del mismo nombre de la compañía Marvel, creados en 1963 por Stan Lee y Jack Kirby; y que en las tres versiones cinematográficas anteriores (2000-2006) había mantenido un nivel bastante digno, tomando una opción por el cine de género, con clara alusión a la adaptación de la historieta, enfatizando el carácter arquetípico de los personajes, inscritos en el Bien y el Mal.

En esta entrega, la elección de la producción fue darles características más humanas, tanto a Logan/Wolverine (Hugo Jackman) como a su novia Kayla (Lynn Collins) y al resto del equipo especial del Ejército: Víctor, hombre lobo y hermano de Logan (Liev Schreiber), el rápido e invisible John Wraith (Will i Am), Gambito (Taylor Kitsch), entre otros; todos a cargo del desquiciado coronel Stryker (Danny Huston).

Esto, a las claras, resultó un error, ya que cuesta identificar a estos personajes humanizados con los vistos en las anteriores versiones, notoriamente salidos del cómic, a pesar de que se supone que esta historia ocurre antes en una línea de tiempo sobre el desarrollo de los míticos personajes; no obstante la fugaz y carente de sentido aparición final del maestro Charles Xavier.

Más que optar por hacer una cinta fantástica de acción, la producción debiera haber elegido enfatizar las características míticas y complejas de los personajes y sus conflictos, a través de una concepción visual respetuosa del mundo original de la historieta; para lo cual era sano y prudente la visión personal de un cineasta, lo cual lamentablemente no ocurre en esta cinta.


Alvaro Inostroza Bidart
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