viernes, 23 de octubre de 2009

“ROCKNROLLA”

Hay temas que en el cine contemporáneo se sienten atraídos entre sí por un magnetismo especial; lo que sumado a un estilo desenfadado y pop, con muchos elementos del cómic, configuran una cinematografía actual, de gran interés y que generan una profunda atracción en el público juvenil.

En esta línea se inscribe “RocknRolla” (2008), el quinto largometraje del inglés Guy Ritchie; en el cual los temas preponderantes son las mafias de Londres y los inmigrantes, el rock y las drogas, y los distintos metalenguajes que estos medios generan.

Ricthie, de 40 años, había dirigido anteriormente “Juegos, Trampas y Dos Pistolas” (1998), “Cerdos y Diamantes” (2000), su cinta más conocida; “Barridos por la Marea” (2002) y “Revolver” (2005), en las cuales manifiesta una clara preocupación por la violencia y el delito, pero siempre con un humor corrosivo, típicamente británico.

En “RocknRolla”, la mafia, su tratamiento y personajes incluyen la relación con el sistema de justicia, los códigos de honor que se deben respetar y una violencia, que a esta altura, después de la influencia clave del cineasta estadounidense Quentin Tarantino y del cine oriental, es bastante estilizada y cuyas escenas son verdaderas coreografías. Los mafiosos, a pesar de responder al prototipo del género, son creíbles y no maquetas: Uno Dos (Gerard Butler) es el jefe de un pequeño grupo de matones, que sin embargo prioriza la amistad por sobre cualquier cosa; al igual que los demás, el “guapo” Bob (Tom Hardy), Mumbles (Idris Elba) y Tank (Nonso Anozie), lo que produce cómicas escenas, que alivian el fuerte estrés de la violencia de la cinta.

Los demás mafiosos mantienen este humor tan británico, que implica una mirada irónica y crítica de una realidad que no se puede alterar y que el sistema alimenta y permite. La inescrupulosa Stella (Thandie Newton), el temible Archie (Mark Strong), el mafioso chechenio Uri (Karel Roden) y el irascible y delator Lenny (Tom Wilkinson) mantienen este estilo de personajes cruentos, pero con dosis de sarcasmo notorias.

Respecto del rock, el personaje Johnny Quid (Toby Kebbell), es una síntesis del arquetipo del músico carismático, agresivo y al límite siempre entre la vida y la muerte; capaz de generar una estética y un modo de existir propio, que interpreta a una gran porción de jóvenes, asistémicos y asqueados con el mundo moderno; y con una historia personal traumática, que ha marcado su personalidad.

El estilo cinematográfico de Ritchie, con una narración ágil a través del montaje y del uso de una cámara inquieta y acelerada, es adecuado para la historia y para su intención de retratar un mundo limítrofe y fuera de la ley; y que sin embargo incide absolutamente en la realidad normal, ya que ambos son concomitantes y se abastecen mutuamente, en una visión que señala que los negocios mueven al planeta.


Alvaro Inostroza Bidart

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