viernes, 23 de octubre de 2009

“NAVIDAD”

La adolescencia es un tema eterno y válido para el trabajo artístico desde siempre. ¿qué le otorga legitimidad a su tratamiento en una novela o en una película?

El hecho de que los adolescentes retratados provengan de un corte transversal en el tiempo y den cuenta de un determinado grupo social; y que paradójicamente se sientan interpretados o al menos interesados por la obra, personas de otras edades, épocas y latitudes. Quizás la razón de este fenómeno es la honestidad y la experiencia vital que se pueda respirar cuando se conoce un trabajo de este tipo.

Esta es la clave del éxito y del interés que despierta la cinta “Navidad” (2009), el segundo largometraje del cineasta chileno Sebastián Lelio (antes Campos), que no sólo dirige el filme, sino que también lo co-escribió, editó e hizo cámara, creando una obra personal, que ya había anunciado con su anterior película, “La Sagrada Familia” (2004), de la cual su nueva cinta significa un claro avance, sobre todo en el logro de esta aparente sencillez que implica llevar a la pantalla un trozo de vida.

El filme está ambientado en el día de Navidad, fecha en que Aurora (Manuela Martelli) con su pololo Alejandro (Diego Ruiz), va a la antigua casa de su padre, que ha fallecido, para rescatar una caja con viejos y valiosos discos de vinilo, ya que el inmueble ha sido vendido.

Ellos tienen una relación no del todo definido, que atraviesa una crisis, relacionada con el rechazo a contraer compromisos, para repetir la historia sentimental de sus padres; realidad, al parecer, bastante común entre los jóvenes de nuestro país.

Esta crisis va a tomar el camino de las peleas sin sentido y sin arreglo, cuando encuentran en el invernadero a Alicia (Alicia Rodríguez), otra adolescente que se encuentra huyendo de su madre, incapaz de asumir que no tiene padre, ya que éste las abandonó cuando la joven recién había nacido.

Esta orfandad de Alicia hace más fuertes y unidos a Aurora y Alejandro, tomando conciencia de que siempre hay otros peor que uno; y se produce un inusitado e iniciático triángulo entre ellos, la escena más perturbadora de la cinta, en todo caso trabajada en forma sutil y elíptica por Lelio.
El uso de logrados primeros planos, en ambientes cerrados y nocturnos par aumentar el dramatismo; un guión inteligente y el buen trabajo de los actores son las marcas de estilo de Lelio, que le permiten crear una película atrayente y cautivadora; sin aspavientos técnicos ni escenas de acción.

Es interesante constatar que cuando un director trabaja con objetivos claros y un lenguaje cinematográfico acorde a ellos, con un guión coherente; el resultado no depende de efectismos ni de ganchos fáciles, sino de la fidelidad a su propuesta, lo que inevitablemente lo lleva a avanzar en la recreación del mundo propio y en la transfiguración de la realidad que nos circunda.


Alvaro Inostroza Bidart

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