viernes, 23 de octubre de 2009

“ESCONDIDOS”

El submundo de la violencia, fiel reflejo del derrotero que ha seguido la humanidad y de una de las principales características de la condición humana y del hombre moderno, es un tema que se presta para los cineastas con talento, por los cambios de ritmo que le permite a los filmes del género y las posibilidades que otorga tanto para el manejo de la cámara como en el montaje, con sorpresivos modificaciones de ángulos y puntos de vista.

El director y guionista de “Escondidos” (2008), el inglés Martin McDonagh, demuestra en su primer largometraje no sólo su talento en el manejo del lenguaje cinematográfico, sino también su preocupación por el tema del delito, pero dejando en claro que en este oficio deben imperar, a cualquier precio, los principios y un código de honor; por ejemplo, que no se puede matar a un niño, como señala en el filme el jefe de los asesinos a sueldo, Harry Waters (Ralph Fiennes).

McDonagh, de 38 años, es un conocido dramaturgo, cultor del Teatro de la Crueldad; y con anterioridad había dirigido el cortometraje “Seis Tiradores” (2005), con el cual ganó el Oscar al Mejor Cortometraje. En su obra es reconocida la influencia del dramaturgo Harold Pinter, por su falta de concesiones; y del cineasta Quentin Tarantino, por el tratamiento de la violencia; así como la utilización del humor negro en sus diálogos y situaciones, lo que ratifica en “Escondidos”.

Esta trata de una pareja de asesinos a sueldo, Ken (Brendan Gleeson) y Ray (Colin Farrell), que huyen a la ciudad de Brujas, en Bélgica, por orden de Harry, luego de un encargo, ya que en éste Ray mató casualmente a un niño. La elección de Brujas no es aleatoria, ya que es la ciudad medieval mejor conservada de Europa; por lo cual Ray podrá darse un baño de cultura, de belleza y de religiosidad en sus iglesias, antes de morir, ya sea suicidándose o asesinado, por la culpa y el delito de haber matado a un niño.










En su corta estadía en esta mágica ciudad no faltarán los símbolos: una filmación de una película con extraños seres, que homenajea al cineasta inglés Nicolás Roeg, con la participación del enano Jimmy (Jordan Prentice), y donde también Ray se enamora de la traficante Chloë (Clémence Poésy). Además, las visitas a los museos, donde Ray y Ken sostienen interesantes conversaciones sobre la muerte y el Juicio Final, a propósito de los cuadros de Il Bosco.

Este interesante deambular de los dos amigos, que se debaten entre el deber, la culpa y la diversión, está acertadamente capturado por una cámara inquisitiva y testigo; y a ratos por una cámara subjetiva, sobre todo en las visiones oníricas y alucinadas de Ray, cuando las circunstancias lo traen de vuelta a Brujas, en un desenlace desquiciado e inolvidable.


Alvaro Inostroza Bidart
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