viernes, 23 de octubre de 2009

“EL REY DE CALIFORNIA”

De cuando en vez llegan a nuestra cartelera cintas estadounidenses independientes, que demuestran que la cinematografía del país del norte no sólo se rige por los cánones de la industria, sino que también hay cineastas autores, que luchan por expresar ideas y estilos personales; y que para mantener este carácter deben producir cintas de bajo presupuesto.

Esta postura se ve favorecida cuando el director tiene talento y sus guiones son reconocidos por actores y productores, que desean aportar al trabajo del cineasta, aunque las retribuciones económicas no sean las mismas que cuando trabajan en una superproducción hollywoodense.

Es el caso del cineasta Mike Cahill, director y guionista de “El Rey de California” (2007), que entusiasmó en la producción al director Alexander Payne (“Entre Copas” y “Mr. Schmidt”), en el rol protagónico a Michael Douglas y que tuvo su estreno en sociedad en el Festival de Sundance, precisamente la principal vitrina para el cine independiente de Estados Unidos y de buena parte del resto del mundo.

Cahill, con anterioridad, solo había dirigido el documental “Boxeadores y Bailarinas” (2004), que cuenta la contrastante historia de un boxeador y una bailarina cubanos que viven en la isla y de un boxeador y una bailarina cubanos exiliados en Miami.

En “El Rey de California”, Cahill narra la historia de Charlie (Michael Douglas en una de sus mejores actuaciones), padre separado que viene recién saliendo de una larga estadía en una clínica psiquiátrica, para reencontrarse con su hija de quince años, Miranda (Evan Rachel Wood), que vive sola sin problemas aparentes y que trabaja en un Mac Donald.

Evidentemente esta armonía es sólo superficial y se ve resquebrajada con la reaparición de su padre, que le recuerda el abandono que sufrieron en su infancia por parte de su madre; y por otro lado, todos los problemas que debió sufrir por las particularidades de Charlie, que vuelven a invadir su vida cotidiana con renovada fuerza.

Principalmente, la obsesión que desarrolló en la clínica en torno a un supuesto tesoro español del siglo XVI, que estaría enterrado en California, de acuerdo al Diario de Vida del Padre Torres, miembro fundamental de la expedición que enterró los doblones a escasos metros de su casa. Este tesoro simboliza la posibilidad de que ambos, y en conjunto, puedan tener una vida nueva y distinta a la que han tenido, con mejores condiciones no sólo económicas, sino una en la que puedan vivir sus sueños y por lo tanto gozar de un mundo más amable y menos hostil.

Con aspectos de comedia, pero también de drama, el centro del conflicto en la cinta es la relación entre un padre distinto y su hija adolescente, a la cual complican sus excentricidades, pero que ama profundamente, cariño que se traduce en que le quiere creer, lográndolo finalmente; y transformándose en su principal apoyo en esta aventura de trascendencia, en la cual también contará con su único amigo, Pepper (Willis Burks II).

La narración combina las esperpénticas peripecias de Charlie, junto a su hija, en procura del tesoro; con los recuerdos de Miranda, que demuestran la singularidad de Charlie y su amor por la pequeña desde siempre; con un inteligente final abierto, que nos hace un guiño insinuando que la maravilla es posible en este chato y prosaico mundo en que vivimos.

Alvaro Inostroza Bidart
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