viernes, 23 de octubre de 2009

“EL DIA QUE LA TIERRA SE DETUVO”

En la actualidad ha recrudecido la fiebre norteamericana por hacer películas apocalípticas o sobre la posibilidad del fin del mundo por la acción de extraterrestres, aunque esta preocupación se remonta claramente a la segunda mitad del siglo veinte.

De hecho, la última de estas cintas, “El Día que la Tierra se Detuvo” (2008), dirigida por Scott Derrickson, es un remake de un filme del mismo nombre, dirigido por Robert Wise en 1951. En aquella oportunidad el guión fue escrito por el ganador del Oscar Edmund Hall North, el cual fue reescrito para la nueva versión por David Scarpa

Y a pesar de que los años pasan, la preocupación continúa y el cine lo refleja. Lo paradójico es que estas cintas revelan siempre más sobre el carácter de la condición humana, o eso pretenden, que sobre la posibilidad de vida inteligente en otros lugares del universo.

En este filme, más que la visita del extraterrestre Klaatu (Keanu Reeves), nombre entregado por el mismo en un interrogatorio, de una misteriosas bolas de energía y de un androide gigantesco con poderes ilimitados (el cual ya aparece en la versión original), la acción se centra en la reacción que su visita provoca en científicos, autoridades y seres comunes, principalmente de Estados Unidos.

Las primeras imágenes de la cinta son de 1928, cuando un expedicionario (interpretado por Reeves) se encuentra en unas montañas de la India y llega una de estas mismas bolas energéticas, la cual se incrusta y se apodera de su cuerpo. De ahí la acción se traslada a la actualidad a la casa de la doctora Helen Benson (Jennifer Connelly), experta en biología del espacio, que se encuentra con su hijastro Jacob (Jaden Smith); y que será reclutada con un grupo de científicos ante la inminente llegada de una de estas grandes bolas, semejantes a meteoritos y que nunca se sabe realmente qué son.

De esta gran bola surgirá Klaatu, el cual como es de suponer será baleado por los soldados a la primera de cambio, curado, investigado, estudiado, interrogado; demostrando de paso la brutalidad que siempre ha caracterizado a la especie humana frente a lo desconocido, ignorando que Klaatu y su androide podían destruir a la humanidad en cosa de minutos.

Dos personajes que simbolizan los dos extremos a los cuales puede llegar nuestra especie son la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Regina Jackson (Kathy Bates), de la cual impresiona su ridículo peinado y su simpleza; y el profesor Barnhardt (John Cleese), Premio Nobel por su aporte al desarrollo pacífico y solidario de la humanidad, y que sin embargo no es capaz de convencer a Klaatu de no destruir a nuestra especie.

De hecho Klaatu indica reiteradamente que viene a salvar la Tierra, lo que implica aniquilar a la humanidad, para permitir que luego se repoble, ya que son pocos los planetas los que permiten formas de vidas complejas, por lo cual se debe preservar y proteger de estos destructivos y violentos habitantes. La cinta rebosa ingenuidad, ya que Klaatu se impresiona con nuestra capacidad de amar y sacrificarnos; y confía en esa vieja máxima que señala que ante la inminencia de la crisis afloran los mejores sentimientos humanos y la capacidad de cambiar y mejorar. Ojalá sea cierto.


Alvaro Inostroza Bidart
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