viernes, 23 de octubre de 2009

“EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON”

Hay cintas en las cuales se hace evidente la importancia del guión para el resultado final de la misma, sobre todo en lo que se refiere a su impacto masivo.

La historia de “El Curioso Caso de Benjamin Button” (2008), dirigida por David Fincher, está basada en una doble paradoja que llama la atención desde el principio del filme. Un relojero pierde a su hijo en la Primera Guerra Mundial y cuando le encargan construir un gran reloj para la estación de trenes, lo fabrica de un modo tal que las manillas del mismo giran en reversa, con el sueño de que el tiempo se invierta y pueda recuperar a su hijo; lo que aparentemente provoca un milagro: el hijo de Caroline Button nace con el aspecto de un anciano.

Su padre, Thomas (Jason Flemyng), aterrado, lo abandona frente a un hogar de ancianos, sin saber que con los años su cuerpo irá rejuveneciendo, donde es criado por su nueva madre, Queenie (Taraji Henson), donde pasará desapercibido y aprenderá la sabiduría de la vida antes que los conocimientos.

Con una puesta en escena impecable, Fincher (“Los Siete Pecados Capitales”, “El Club de la Pelea”, “La Habitación del Pánico”, “Zodíaco”) construye un fresco de la historia de Estados Unidos en el siglo XX, a través del relato de la vida de Benjamin Button (Brad Pitt), que abandonará su casa a los 17 años para aprender lo que le falta: el amor con la enigmática Elizabeth Abbott (Tilda Swinton) y la amistad y el honor con el Mike (Jared Harris), a bordo de un remolcador memorable.

En una reiteración del mito del eterno retorno, Button, después de muchas peripecias, vuelve siempre al hogar donde fue abandonado y al amor de su infancia-vejez, Daisy (Cate Blanchett). La circularidad de la vida está representada también por el hecho de que es la propia Daisy moribunda, la que cuenta la historia de Button, a través del singular diario de vida de éste, que le va leyendo su hija común, Carolina (Julia Ormond), que se entera en el transcurso de esta acción que es hija de Benjamin, en una compensación final.


Alvaro Inostroza Bidart

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