viernes, 23 de octubre de 2009

“CUENTA REGRESIVA”

En los inicios de la historia del cine, por allá por los comienzos del siglo XX, sobre todo en Estados Unidos, una de las principales vetas exitosas que explotó el cine comercial fueron los temas religiosos y bíblicos, utilizando el temor común a la muerte y al fin del mundo.

Con el fin del milenio pasado y comienzos del nuevo estos temores han recrudecido y la industria hollywoodense, siempre atenta a los nuevos nichos de mercado, y con la gran ayuda del avance de los efectos especiales, ha recaído en esta explotación serial de todo tipo de temas pseudo religiosos y apocalípticos, asociándole ahora filones ligados a la parapsicología, los fantasmas, espíritus, magos, leyendas y por último, extraterrestres que vienen a destruirnos o a salvarnos.

En esta línea se inscribe “Cuenta Regresiva” (2009), dirigida y producida por el director australiano, de origen griego, Alex Proyas (45 años, “El Cuervo”, “Dark City”, “Yo, Robot”). La cinta, ambientada en el presente, pero con un inicio situado hace cincuenta años en que una niña, Lucinda Embry (Lara Robinson), deja una página plagada de números que profetizarán una serie de desastres que ocurrirán en el futuro, culminando con el fin del mundo por una gran erupción solar.

Esta hoja, que fue “susurrada” por unos seres extraños a Lucinda, la recibirá cincuenta años después el astrofísico John Koestler (Nicolas Cage, a quien no le vemos un papel serio desde “El Señor de la Guerra” en el 2005), a través de su hijo Caleb (Chandler Canterbury), que también escucha a los mismos susurrantes, que esta vez comienzan a manifestarse físicamente, con una apariencia que es mezcla entre fantasmas y seres de otro mundo.

En este momento se inicia la parte medular del filme, ya que el incrédulo John comienza una travesía para establecer dónde y cómo ocurrirá el último desastre y final que aparece en el mensaje, para lo cual ubica a la hija de Lucinda, Diana Wayland (Rose Byrne), cuya pequeña hija, Abby (Lara Robinson) también escucha a los hombres pálidos de ojos y abrigo negro. El grupo, en una alocada carrera, recogerá antecedentes que confirmarán las sospechas y tratará de salvarse de un destino que está escrito.

En la cinta, que oscila entre la ciencia ficción, el misterio y la acción; no falta ningún elemento de la receta de este cóctel que es este nuevo género apocalíptico: accidentes como la caída de un avión y el choque entre dos trenes del Metro, con espectaculares efectos especiales; niños que escuchan voces misteriosas, que terminan siendo de extraterrestres; citas bíblicas con alusiones a las profecías de Ezequiel y un gran desastre natural, una erupción solar, que significará el fin del mundo, del cual sólo serán salvados por los extraterrestres un grupo de niños telépatas, que “fueron capaces de escuchar el mensaje”, en clara alusión, por oposición, a los descreídos y faltos de fe; es decir, una moraleja bastante gruesa y obvia.

Alvaro Inostroza Bidart
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