viernes, 23 de octubre de 2009

“BASTARDOS SIN GLORIA”

Quentin Tarantino ya es marca registrada en el cine estadounidense y mundial. Principalmente por su tratamiento visual de las escenas de violencia y por sus guiones, en los que campea el desaliento y el escepticismo; a pesar de lo cual sus protagonistas viven y mueren de acuerdo a ciertos códigos de honor, que se deben cumplir aún en las peores circunstancias.

Mientras se ha mantenido fiel a estos preceptos, a lo s que habría que sumar historias cuya lógica se cierra en sí mismas, Tarantino, de 46 años, ha creado inolvidables filmes: “Perros de la Calle” (1992), “Pulp Fiction” (1993), “Jackie Brown” (1997), “Kill Bill Volúmen I” (2003), “Kill Bill Volúmen II” (2004) y “Prueba de Muerte” (2007), la menos aceptada por la crítica.

“Bastardos sin Gloria” (2009), a pesar de haber tenido una importancia aprobación de la crítica y del público, y sin desmerecer sus virtudes, también manifiesta los peligros en el resultado final, cuando Tarantino se aleja de los principios rectores de su cine, que señalamos al comienzo.

No cabe duda que sus mayores aciertos se registran en el tratamiento visual, en los movimientos de cámara, en los planos elegidos para resaltar la acción y en el montaje para lograr un importante suspenso (notable es la escena del bar en el sótano); pero la cinta tiene importantes ripios en la credibilidad de las situaciones, más aún que el filme, aunque de ficción, se apoya en hechos reales acaecidos en la Segunda Guerra Mundial, específicamente en la Ocupación Nazi de Francia.

La primera escena del filme es de gran factura, por la violencia contenida y porque marcará a cabalidad el tono de la cinta. Se trata de la visita del coronel de la Gestapo, Hans Landa (Christoph Waltz), conocido como el “Cazador de Judíos”, a una casa de la campiña francesa, donde supuestamente se refugia la familia Dreyfuss; y de la cual sólo sobrevivirá la menor, Shosanna (Mélanie Laurent), primera inconsistencia del guión, ya que Landa la tuvo a tiro de pistola y era famoso por su impiedad.

Shosanna será fundamental en la trama, ya que reaparecerá luego como dueña de una sala de cine en París, en la cual se ambientará toda la escena final del magnicidio, brillante y desaforada, como en las mejores películas de Tarantino.

El contrapeso por el lado de los Aliados se completará con un comando, los “Bastardos”, liderado por el teniente estadounidense Aldo Raine (Brad Pitt); el cual reclutará a ocho soldados judíos y alemanes renegados, entre los cuales destacan los sargentos Hugo Stiglitz (Til Schweiger) y Donny Donowitz (Eli Roth), famosos por sus incruentos procedimientos de venganza contra los nazis.

En la misión culminante se sumarán al grupo el teniente inglés Archie Cox (Michael Fassbender) y la actriz alemana, Bridget von Hammersmark (Diane Kruger), doble agente, y que le dará un toque de sofisticación a tanta muerte.

Las licencias históricas (que no vale la pena reseñar) y el humor irónico, remarcado en algunos personajes como el de Raine, indeterminan el tono de la cinta, que oscila entre la parodia y el filme de acción bélico, aunque se debe decir que, a pese a todo, persiste en la memoria el inconfundible tratamiento visual de Tarantino, su particular modo de hacer cine.

Alvaro Inostroza Bidart

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