martes, 24 de julio de 2007

“TIRADOR”



En el cine estadounidense existe una larga tradición de individuos que luchan contra el sistema y la perfidia, para hacer un poco mejor este mundo; y que, muchas veces, se ven obligados a tomar la justicia en sus manos para impedir que los corruptos sigan incólumes realizando sus fechorías, sin castigo, y burlándose de aquellos que quieren que primen algunos valores como el honor y la amistad.

En algunos casos estos pequeños héroes presentan rasgos de personalidad bastante comunes en un principio; pero con el correr de la cinta van transformándose en adalides de la justicia, saliéndose a veces de los marcos de la ley y del orden, en una propuesta que indica que el sistema, en situaciones justificadas, requiere de correcciones no siempre pacíficas y canalizadas por el conducto regular.

Es el caso de “Tirador” (2007), del director estadounidense Antoine Fuqua, que relata la historia ficticia del ex sargento marine y especialista francotirador, Bob Lee Swagger (Mark Wahlberg), que precisamente renunció al Ejército luego de una acción bélica en Etiopía, Africa; en que fueron abandonados por la superioridad, después de cumplida la misión; lo que provocó la muerte de su compañero y asistente “ubicador”, situación inaceptable para Swagger, que le hizo perder la fe en la institución armada.

En la montaña de su aislamiento, donde se dedica a cazar con la única compañía de su fiel perro golden, es visitado por los soldados mercenarios, coronel Isaac Johnson (Danny Glover) y Jack Payne (Elias Koteas), cabezas visibles de una organización ilícita y paramilitar, que trabaja para el reaccionaria senador Meachum (Nead Beatty), que impone sus términos por el mundo, para proteger el orden hegemónico de Estados Unidos. El problema es que, aludiendo al valor del patriotismo, convencen a Swagger para participar en una operación para proteger al presidente de un francotirador que intentará matarlo, pero que en realidad es una trampa para inculparlo y camuflar el asesinato del Arzobispo de Etiopía.

Esto desatará la posterior venganza justiciera; donde Swagger contará como aliados con la esposa de su ex compañero de armas, Sarah Fenn (Kate Mara); y del agente del FBI, Nick Memphis (Michael Peña), que se transformará en su nuevo “ubicador” y que casualmente aparecerá con una polera del Che Guevara; en la parte de la cinta donde la acción desenfrenada adquiere un sentido, ligado a la justicia; aunque deba ser impuesta por el individuo, en un sistema indiferente y construido para la permanencia y el triunfo de los poderosos y materialistas.
Fuqua, de 41 años, después de dirigir exitosamente videos musicales de solistas como Prince y Stevie Wonder; y comerciales de marcas como Reebok, Toyota y Armani; se inició en los largometrajes de cine con “Asesinos de Recambio” (1998) con Mira Sorvino y Yun-Fat Chow, en una corta pero prolífica trayectoria, que se caracteriza por el buen manejo actoral y técnico en cintas de acción, que pretenden mostrar las motivaciones mezquinas y los niveles de violencia que mueven a la sociedad moderna.

Luego vinieron “La Carnada” (2000) con Jamie Foxx; “Día de Entrenamiento” (2001) con Denzel Washington y Ethan Hawke; “Lágrimas del Sol” (2003) con Bruce Willis y Mónica Bellucci; “El Resplandor en la Botella” (2004), documental sobre el grupo Aerosmith; “Rey Arturo” (2004) con Clive Owen y Keira Knightley; y “La Llamada” (2006) con John Malkovich y Naomi Campbell, que no se ha estrenado en Chile.

En esta segunda parte del filme, con claras alusiones al oeste norteamericano, Swagger recuerda al personaje de Clint Eastwood, en los clásicos de la década del ’60 de Sergio Leone, “Por un Puñado de Dólares”, “Por unos Dólares Más” y “El Bueno, el Malo y el Feo”; que toma la justicia en sus manos; con construcciones visuales muy del cine del maestro de la violencia inteligente, Sam Peckinpah; en una versión más moderna y tecnologizada, pero en la cual se mantienen vigentes valores como el trabajo en equipo y la lealtad; y la batalla como un espacio de honor para defender una visión de mundo y de justicia irrenunciables.


Alvaro Inostroza Bidart
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