martes, 24 de julio de 2007

“PRUEBA DE FE”


Desde un punto de vista lógico, si creemos en la existencia de Dios, como manifestación del Bien Supremo, también deberíamos creer en la existencia del Demonio, como encarnación del Mal. El culto a Lucifer, como también se le llama, tentación en la que ha caído muchos individuos, al no encontrar respuestas a sus dudas y aspiraciones en Dios, se le denomina satanismo y existen manifestaciones irrefutables de su ocurrencia, a lo largo de la historia de la humanidad, que llaman la atención porque en algunas de ellas la presencia del mal se percibe físicamente.

Este es el tema de la cinta “Prueba de Fe” (2007) del cineasta Stephen Hopkins, que se ambienta en el pueblo de Haven, Estados Unidos, el cual está rodeado de pantanos; y en el cual se producen manifestaciones extrañísimas, que se asocian a plagas enviadas por Satán; y de las cuales culpan a una niña de doce años, Loren McConnell (Ana Sophia Robb), supuestamente instrumento del mal. Por este motivo invitan a visitar el pueblo a la experta científica en desacreditar milagros y manifestaciones supranaturales, Katherine Winter, (una acertada Hilary Swank), que acude acompañada de su asistente Ben (Idris Elba), a esta singular misión, que le traerá reminiscencias de su vida anterior en Africa.

Como anécdota, la misión anterior de la doctora Winter, con la que se inicia la película, ocurre en Concepción, Chile; dejando la impresión, después de descubrir que un supuesto milagro es causado por los desechos químicos de una empresa inescrupulosa, que somos un país tercermundista, ignorante y retrasado; lo cual no es muy buen comienzo para el filme, ya que parece que trabajará con estereotipos, lo cual afortunadamente se va disipando con el correr de los minutos y de las imágenes, que transmiten ese temor al mal y a lo incomprensible, que muchas veces se manifiesta en circunstancias aparentemente ordinarias.

Hopkins, de 49 años, nacido en Jamaica, pero educado en Inglaterra y Australia; ya había demostrado un importante manejo del suspenso y del terror, en sus anteriores cintas, que avalan el nivel técnico y de eficacia alcanzado en “Prueba de Fe”. Antes dirigió “Juego Peligroso” (1987), “Pesadilla en Elm Street 5” (1989), “Depredador 2” (1990), “La Noche del Juicio” (1993) con Emilo Estévez, “Blown Away” (1994) con Jeff Bridges y Tommy Lee Jones, “El Fantasma y la Oscuridad (1996) con Michael Douglas y Val Kilmer; “Perdidos en el Espacio” (1998) con William Hurt y Mimi Rogers, “Bajo Sospecha” (2000) con Gene Hackman y Morgan Freeman y “La Vida y Muerte de Peter Sellers” (2004) con Geoffrey Rush y Charlize Theron.
El pasado de la doctora Winter, inteligentemente, coloca un antecedente de psicologismo a la cinta e impide que el espectador se caze rápidamente con alguna de las interpretaciones a los fenómenos que van ocurriendo en Haven y que recuerdan a las diez plagas que cayeron sobre Egipto en la antigüedad, según la versión del Antiguo Testamento; en ese caso para que el Faraón permitiera emigrar a los judíos, y no por causa del Demonio.

El agua transformada en sangre, la lluvia de ranas, los piojos, las invasión de moscas, la peste a las vacas, los furúnculos mortales, las langostas, las tinieblas, el granizo con fuego y la muerte de los primogénitos tienen su correlato en la cinta, aunque algo aderezado; y de a poco Winter se va convenciendo, en una proyección que mezcla sueños, alucinaciones y parte de su pasado; relacionado con el asesinato de su hija, Sarah (Sabrina Jurius) de edad similar a Loren, y de su esposo en Sudán, por un hechicero, que los culpó por un año de sequía, muertes y enfermedades, en la época que Catherine era pastora y tenía fe, perdida por su tragedia personal.

Esta compleja trama, a la que hay que agregar al padre Costigan (Stephen Rea), su antiguo mentor; y a Doug (David Morrisey) el ambivalente profesor que la hace viajar a Haven, es bien manejada y dosificada por Hopkins que, más allá de la verosimilitud de los hechos narrados, hace sentir al espectador la presencia del mal, con imágenes perturbadoras y bien logradas, dirigidas a la imaginación y a los impulsos más básicos del observador.


Alvaro Inostroza Bidart
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