martes, 24 de julio de 2007

“LOS INFILTRADOS”





Sin lugar a dudas, Martín Scorsese es uno de los más importantes y talentosos cineastas contemporáneos; y su más reciente largometraje, “Los Infiltrados” (2006), así lo confirma, con uno de sus temas favoritos: la violencia y el fino límite entre policías y delincuentes, que conviven en una suerte de espejo, que reafirma que la sobrevivencia en la era moderna está supeditada a la ley del más fuerte.

Scorsese nació hace 64 años en Nueva York y después de optar entre el sacerdocio y el cine, se tituló en esta última carrera en la Universidad de su ciudad. Su primer gran largometraje fue “Berta, Ladrona y Amante” (1972) con Bárbara Hershey y David Carradine; y luego vinieron “Calles Peligrosas” (1973) con Harvey Keitel y Robert de Niro, este último actor amuleto de muchas de sus mejores cintas; “Alicia ya no Vive Aquí” (1974) con Ellen Burstyn; “Taxi Driver” (1976) con Robert de Niro; “New York, New York” (1977) con Liza Minnelli y De Niro; “Toro Salvaje” (1980) con De Niro; “El Rey de la Comedia” (1983) con Jerry Lewis y De Niro y “After Hours” (1985) con Griffin Dunne y Rosanna Arquette.

Posteriormente vinieron “El Color del Dinero” (1986) con Paul Newman y Tom Cruise; “La Ultima Tentación de Cristo” (1988) con Willem Dafoe; “Buenos Muchachos” (1990) con De Niro; “Cabo de Miedo” con De Niro; “La Edad de la Inocencia” (1993) con Daniel Day-Lewis y Michelle Pfeiffer; “Casino” (1995) con De Niro y Sharon Stone; “Al Límite” (1999) con Nicolás Cage; “Pandillas de Nueva York” (2002) con Day-Lewis y Leonardo di Caprio; y “El Aviador” con Di Caprio, en una obra sólida, donde aparte de la violencia, el dinero y el poder como grandes motores de la actividad humana, Scorsese ha retratado su ciudad natal, como un fresco multicultural, desde su perspectiva de descendiente de inmigrantes italianos, pero en un prisma en que parecen también irlandeses, judíos, latinos, afroamericanos y orientales, entre los principales colonos de la ciudad símbolo de la transculturización.

“Los Infiltrados” le permite nuevamente revisar estas preocupaciones, a través de un remake de la reciente cinta “Asuntos Infernales” (2002), película de mafiosos de Hong Kong, que fue dirigida por Wai Keung Lau y Siu Fai Mak. A no dudarlo existen similitudes en el tratamiento de la violencia, descarnado y directo, entre el cine de Scorsese y el de Hong Kong, que tantos adeptos ha encontrado entre el público y algunos directores occidentales, como Tarantino, Jarmusch o Besson.

Esta vez el escenario es la ciudad de Boston, en la cual la mafia irlandesa es dominante. El juego de espejos se plantea a través de dos “topos”: Collin Sullivan (Matt Damon) es infiltrado por el jefe de los mafiosos, Frank Costello (Jack Nicholson) en la policía; y Billy Costigan (Leonardo di Caprio) es infiltrado por la policía en la banda de Costello. Este juego de espejos es subrayado por Scorsese por la música: cuando Costello se encuentra con el niño Sullivan para reclutarlo se escucha el tema “Gimme Shelter” de los Rolling Stones y cuando conoce a Costigan se oye de fondo la canción “Let It Loose” del mismo grupo inglés.

El juego de espejos también oscila entre valores como al confianza y la traición, lo que se reafirma por la fugas aparición en un aparato de televisión de imágenes de la cinta “El Delator” de John Ford, uno de los cineastas favoritos de Scorsese. La bisagra de esta balanza es el personaje de Costello, magistralmente interpretado por Nicholson, que se mueve con la inteligencia de una rata, a la cual imita además con los gestos faciales, en su histriónica actuación. También destacan los roles secundarios, interpretados por Mark Wahlberg (Dignam), Martin Sheen (Queenan), Alec Baldwin (Ellerby) y Vera Farmiga (Madolyn).

Costello oscila entre lo amoral y lo diabólico. Así por ejemplo puede sacar su órgano masculino en un cine porno, con un lenguaje excesivamente soez y grosero; a burlarse del clero católico o de la mafia china, a citar a John Lennon, mientras de fondo se escucha su canción “Well Well Well”, en una suerte de Fausto, que ha negociado su triunfo y que, a pesar de todo, no muere, como el mal en el mundo, simbolizado por la rata que atraviesa el cuadro en las imágenes finales.


Alvaro Inostroza Bidart
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