martes, 19 de junio de 2007

“BABEL”


La complejidad de la realidad queda de manifiesto cuando podemos conocer las distintas visiones de personas involucradas en los mismos hechos y no nos quedamos en forma exclusiva con un punto de vista, lo cual simplifica y reduce la existencia a sucesos planos y datos, que no dan cuenta de la riqueza de emociones, motivaciones, instintos y decisiones que hay detrás de los acontecimientos, sobre todo de aquellos relacionados con la muerte y la incomunicación entre seres que dependen sentimentalmente.

El cine, por la diversidad y amplitud de su lenguaje, tiene la posibilidad de expresar esta riqueza formal y de fondo de la existencia humana, sobre todo cuando los personajes están en conflicto; más aún si el director posee la inteligencia y sensibilidad para recrear trozos creíbles de experiencia, en que el espectador pueda percibir la intensidad de la vida, como un mosaico que se arma con diversidad de sucesos, espacios y tiempos, pero que están conectados por la energía de los sentimientos y las opciones de la voluntad.

Este es el caso de “Babel” (2006) del cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu, que sin duda causará un gran impacto, ya expresado por las siete nominaciones al Oscar y la reciente obtención del Globo de Oro de la Prensa Especializada de Hollywood a la Mejor Película. González , de 43 años, inició su carrera como DJ en una radio mexicana, mientras estudiaba Cine y Teatro. Luego se dedicó a componer música para películas, entre ellas “Un Macho en el Salón de Belleza” (1987) de Víctor Manuel Castro y “Garra de Tigre” (1989) de Hernando Name.

Posteriomente entró a trabajar como productor a la cadena Televisa y formó su productora Zeta Films. A continuación dirige dos mediometrajes, “Detrás del Dinero” (1995), con Miguel Bosé; y “El Timbre” (1996), mientras continúa sus estudios de Cine en Maine con Ludwik Margules y en Los Angeles con Judith Weston. En el 2000 dirige su primer éxito, “Amores Perros” con Gael García, configurando el equipo de trabajo que ha mantenido hasta la actualidad y que le ha permitido precozmente constituirse en el exponente más brillante de la nueva generación del cine mexicano, junto con Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro. Dicho equipo está conformado por el guionista Guillermo Arriaga, el director de fotografía Rodrigo Prieto y la diseñadora de producción Brigitte Broch, que también ha entregado sus frutos en “Babel”.

Con posterioridad dirigió, con el mismo equipo, “21 Gramos” (2003) con Sean Penn, Benicio del Toro y Naomi Watts, donde eleva el nivel de sutileza en el tratamiento de los temas dramáticos de la existencia, logro que continuará en “Babel”, con un enriquecimiento de los aspectos formales, como son el tratamiento temporal de los acontecimientos, el manejo de una cámara punzante y directa; y un montaje sintonizado con el nervio y el dramatismo de los acontecimientos.

En “Babel” el director va entregando cuatro historias paralelas, que transcurren en Marruecos, Estados Unidos, México y Japón, en un caleidoscopio de culturas, lenguajes y realidades, que dificultan el entendimiento entre ellas, como alude el título de la cinta. Pero los conflictos de comunicación también son internos. El matrimonio formado por los estadounidenses Richard (Brad Pitt) y Susan (Cate Blanchett), que se encuentra en viaje de reencuentro en Marruecos, está trizado por el fallecimiento reciente de su bebé por muerte súbita. La nana mexicana, Amelia (Adriana Barraza) que cuida a los dos hijos más grandes en San Diego, Debbie (Elle Fanning) y Mike (Nathan Gamble), es emigrante ilegal; y se le ocurre cruzar la frontera por el día y regresar con su sobrino Santiago (Gael García) originando otra tragedia.

En Japón, un padre, Yasujiro (Koji Yakusho) y su hija adolescente, Chieko (Rinko Kikuchi), sufren una peligrosa incomunicación, sobre todo para esta última, debido al suicidio reciente de la madre; y en un agreste cerro de Marruecos, una familia de pastores se ve remecida cuando uno de sus hijos hiere de muerte a Susan, jugando con un rifle, destinado para espantar a los zorros, completando y relacionando en forma notable las tres historias; salvo la japonesa, que queda un tanto inconexa, a pesar de la riqueza de los sentimientos y frustraciones que subyacen en la relación entre padre e hija.


Alvaro Inostroza Bidart
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