martes, 9 de enero de 2018

“NO ESTOY LOCA”

A veces de tanto hacer películas mediocres, finalmente algunos directores terminan mejorando y con los años pueden llegar a realizar películas bastante aceptables; sobre todo en comparación con sus peores obras.

Es el caso de “No Estoy Loca” (2018), el último estreno del cineasta chileno Nicolás López, que significa una impresionante mejoría respecto de sus filmes anteriores; por lo cual merece la pena destacarse.

López, de 34 años, llevaba una prolífica producción, con nueve largometrajes en trece años; lo que quizás conspiraba contra la profundidad de sus cintas: “Promedio Rojo” (2004), “Santos” (2008), “Qué Pena tu Vida” (2010), “Qué Pena tu Boda” (2011), “Afetrschock” (2012), “Qué Pena tu Familia” (2012), “Mis Peores Amigos: Promedio Rojo, el Regreso” (2013), “Sin Filtro” (2016) y “Hazlo como Hombre” (2017), en las cuales primaba el humor idiota, la procacidad y la superficialidad de personajes e historias.

En “No Estoy Loca”, se subsanan varios de estos aspectos; a pesar de que la publicidad y la sinopsis de la película siguen promocionando este último trabajo como una comedia tonta y fácil. Y la verdad es que no lo es. La protagonista, Carolina (Paz Bascuñán), es una periodista que trabaja en la revista Caras; donde también trabajan sus dos mejores amigas (Fernanda Urrejola e Ignacia Allamand); la primera de las cuales la traicionará, engañándola con su marido (Marcial Tagle), un zoquete de marca mayor.

Esto significará una profunda crisis en Carolina, la cual intentará suicidarse, lo que provocará que termine internada más de tres meses en la clínica psiquiátrica Edén, donde compartirá amistad y experiencias con todo tipo de enfermos mentales (Antonia Zegers, Ramón Llao y Loreto Aravena, entre otros). Por otro lado, establecerá una interesante relación con un psiquiatra (Luis Pablo Román) y con el instructor de gimnasia /Ariel Lévy).

López parece haber aprendido la lección. No intenta hacer reír al espectador con facilismos, que impliquen garabatos o chistes subidos de tono. Al contrario, las sonrisas que surgen provienen del desarrollo de los personajes y de los sucesos; y muchas veces las situaciones tiene ese tono agridulce y emotivo, tan común en las buenas comedias italianas, francesas y del cine independiente estadounidense, que demuestran que en el cine, de tanto intentar, también se puede progresar.

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