martes, 5 de junio de 2012

“PROMETEO”


Al parecer la grandilocuencia y los efectos especiales son una tentación mayor para algunos directores de cine que, de este modo, renuncian a su estilo personal, que los ha llevado a dirigir grandes películas; y terminan realizando cintas que no dejan satisfecho a nadie, ni a la crítica ni a la taquilla.

“Prometeo” (2012), la última cinta del británico Ridley Scott es un buen ejemplo de esto. Con menos recursos y una clara dirección autoral Scott ha entregado importantes filmes, incluso del mismo género, la ciencia ficción: “Alien, el Octavo Pasajero” (1979) y “Blade Runner” (1982); y otras notables como “Thelma y Louise” (1991), “Gladiador” (2000), “Hannibal” (2001) y Gangster Americano” (2007), en que claramente está detrás un artista que tiene una visión personal que transmitir.

Pero esta no es la primera vez que le ocurre, ya que también ha dirigido cintas difíciles de digerir, como “1492, la Conquista del Paraíso” (1992), “G.I. Jane” (1997) o “El Reino de los Cielos” (2005), en que la desmesura y el descontrol le pasaron una mala jugada a Scott.

En “Prometeo”, otra vez la ambición desmedida termina atentando contra el producto final. La cinta está ambientada en el espacio, a fines del siglo XXI, principalmente a bordo de la nave Prometeo, que viaja a un planeta del cual se han recibido señales, a través de dibujos de antiguas civilizaciones, interpretados y relacionados por los científicos Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall-Green), los cuales van a bordo y que suponen que estos extraterrestres, a quienes llaman los “ingenieros”, son los padres de nuestra civilización y por lo tanto pueden responder las preguntas sobre el sentido de la vida humana.

En este viaje también son importantes el magnate financista Peter Weyland (Guy Pearce); su hija, Meredith Vickers (Charlize Theron); el androide David (Michael Fassbender) y el capitán de la nave, Janek (Idris Elba), que se enfrentan en conflictos de poder y de objetivos, aspecto que finalmente resulta ser lo más interesante del filme, que se pierde entre la acción, la ciencia ficción y los efectos especiales, en desmedro de las preocupaciones existenciales y metafísicas, que le han dado sentido a los grandes clásicos de este género.
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