martes, 19 de junio de 2012

“50/50”


Dentro del predecible panorama  de cintas de acción y comedias de escaso valor, da gusto encontrar un estreno estadounidense que desarrolle el drama en serio, combinándolo con elementos de humor; tal cual se da en la vida real, tan ajena al modelo que construye y transmite el cine de Hollywood.

Estamos hablando de “50/50” (2011) dirigida por el joven realizador Jonathan Levine; que cuenta la historia de Adam (Joseph Gordon-Levitt), un reportero radial de 27 años, que repentinamente le diagnostican un extraño cáncer de columna, que cambiará toda su perspectiva de la vida.

Levine, de 36 años, había dirigido anteriormente dos largometrajes: “Seducción Mortal” (2006) y “The Wackness” (2008); y además había sido asistente de dirección prestigioso guionista y director Paul Schrader.

El título alude precisamente a las probabilidades de vida que le da el primer médico que lo atiende, el Dr. Ross (Andrew Airlie), que no le habla directamente, sino que registra en una grabadora frente a él, los detalles de su extraña enfermedad; lo que da cuenta de lo impersonal que resulta muchas veces la atención de salud, más aún cuando el paciente puede morir. Lo curioso es que con el devenir del filme, Adam agradecerá la franqueza en quienes deben relacionarse con él, pero de forma más humana.

En este aspecto se centra la película, el modo de enfrentar la posibilidad de muerte por parte de sus cercanos: su mejor amigo, Kyle (Seth Rogen), otro reportero radial, que tiene una nivel de complicidad y humor, que hacen más aceptable la vida de Adam; su madre, Diane (Angélica Huston), un tanto histérica, pero bien intencionada; su padre, Richard (Serge Hude), enfermo de Alzheimer; su novia y conviviente, Rachael (Bryce Dallas Howard), que no soporta el estrés de vivir con un enfermo o que no lo ama tanto y la terapeuta, Katherine (Anna Kendrick), que lo ayudará a mantenerse centrado y con cable a tierra.

Impresiona gratamente el tratamiento de la cinta a la terrible enfermedad, sin melodrama y con un permanente sentido del humor, que da la impresión que resultan claves incluso para el desenlace final.
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