martes, 7 de febrero de 2012

“ANONIMO”

A veces, más allá de la anécdota, en este caso un rumor, lo que vale en una cinta es su capacidad de recrear acertadamente una época, una cultura e introducir al espectador en el mágico mundo de la creación, en esta oportunidad la dramaturgia y el teatro.

Y qué mejor período para esta desafío que el Londres de William Skakespeare (1564-1616), cuya obra retrató la época de la reina Elizabeth I (Vanessa Redgrave) y la inmortalizó para la historia. La anécdota que recoge “Anónimo” (2011), dirigida y producida por el alemán Roland Emmerich, es la antigua especulación de que el actor Shakespeare (Rafe Spall) no sería el autor de sus famosas obras dramáticas y sonetos, sino el Duque de Oxford (Rhys Ifans).

La verdad es que en la trama de la cinta resulta mucho más importante toda la recreación de la corte de la reina, sus intrigas amorosas y políticas y las luchas por el poder; que protagonizan sus asesores William Cecil (David Thewlis) y luego su hijo Robert (Edward Hogg) y sus hijos bastardos los duques de Southampton (Xavier Samuel) y de Essex (Sam Reid).

Otro personaje interesante es el del dramaturgo Ben Jonson (Sebastián Arresto), a quien originalmente el Duque de Oxford le habría encargado ser su máscara; y que luego se sentiría agobiado y mediocre al compararse con el genio del autor, en una suerte de paralelo de lo que le ocurrió a Salieri con Mozart.

Este interés de Emmerich por mostrar el teatro y su creación por dentro, y por lo tanto el artificio de la puesta en escena, no es casual y lo deja patente iniciando el filme en la actualidad, con un presentador (Derek Jacobi, actor shakesperiano), que corre para llegar al comienzo de un obra teatral y que introduce la historia sobre un escenario, dando comienzo a esta pieza sobre esta alternativa biográfica del famoso inglés.

Emmerich, cuya especialidad son las cintas sobre grandes desastres y la ciencia ficción (“El Soldado Universal”, “Stargate”, “El Día de la Independencia”, “Godzilla”, “El Día Después”, “2012”) se reivindica con este filme y se acerca a un cine más personal, aunque no carente de brillo, del cual había mostrado indicios en películas como “El Patriota” y “10.000 A.C.”.

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