martes, 11 de octubre de 2011

“QUE PENA TU BODA”

Hay quienes reclaman que el cine chileno sólo muestra pobreza y conflictos; y que temáticamente no supera aún el trauma del Golpe de Estado de 1973. Reclaman porque no se muestra ese Chile exitoso macroeconómicamente y una forma de vida más positiva, acorde con su imagen internacional.

Bueno, aquí tienen una cinta que se sale de ese molde; pero que lamentablemente tiene una calidad muy baja; y que hace pensar que no es casualidad que las buenas cintas nacionales interpreten críticamente la realidad, la historia y la idiosincrasia nuestra; porque el cine amén de ser una expresión personal, también es una manifestación cultural, no simplemente un mecanismo de entretención y un lucrativo negocio.

“Qué Pena tu Boda” (2011), dirigida por Nicolás López, es una cinta cuyo referente cinematográfico es la comedia “idiota” de Hollywood; con personajes esquemáticos y situaciones burdas, carentes ambos de profundidad y credibilidad.

López, de 28 años, había dirigido con anterioridad los largometrajes “Promedio Rojo” (2004), “Santos, la Película” (2006) y “Qué Pena tu Vida” (2010), filmes en los cuales demuestra a cabalidad que no pertenece a la intelectualidad chilena, pero sí a la inteligencia comercial, ya que sus películas son estruendosos éxitos de taquilla.

“Que Pena tu Boda” no es una total debacle gracias a la buena actuación de los dos actores principales: Ariel Lévy, que interpreta a Javier Hernández, un publicista que no quiere crecer; y Andrea Velasco, que encarna a Angela de María, su novia y amiga por veinte años, que tampoco sabe qué hacer con su vida. Todo un retrato de la juventud chilena.

Los personajes secundarios son un verdadero desastre: una pareja de homosexuales maqueteados (Felipo Avello y Nicolás Martínez), una amiga imbécil (Paz Bascuñán), la seductora adolescente (Lorenza Izzo), los padres de Javier: una cuica insoportable (Claudia Celedón) y un carabinero limítrofe (Ramón Llao), el jefe ciego (Willy Semler) y los indigeribles padres de Angela (Julio Jung y Liliana Ross), que demuestran que López tiene un talento envidiable para desperdiciar buenos actores y para retratar a esos chilenos light, que muchos echan de menos en el cine nacional.
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