viernes, 23 de octubre de 2009

“CEGUERA”

Definitivamente hay cintas cuyo valor estético radica en la posibilidad de hacer de ellas una segunda lectura más abstracta y relacionada con aspectos más globales de la condición humana, tanto permanente como aquella derivada de la situación actual. Todo esto sin impedir una interpretación puramente literal del argumento, aunque es evidente que uno de los valores de la creación artística es que ésta permite transfigurar la realidad y establecer un puente hacia otras zonas de la mente o del alma humana.

Esto ocurre con la notable cinta “Ceguera” (2008), del director brasilero Fernando Meirelles, basada en la novela “Ensayo sobre la Ceguera” del escritor portugués contemporáneo José Saramago; y que definitivamente coloca a Meirelles entre los cineastas de los cuales se debe estar pendiente, entre tanto estreno sin valor.

Meirelles, de 52 años, dirigió su primer largometraje en 1998: “El Niño de la Nuez 2”; luego del cual vinieron “Domésticas” (2001), “Ciudad de Dios” (2002), basada en la novela de Paulo Lins y que lo lanzó a la fama internacional; y “El Jardinero Fiel” (2005), basada en la novela de John Le Carré.

En “Ceguera”, el comienzo anticipa la lectura simbólica y abstracta que irá in crescendo con el paso de los minutos: los créditos irán intercalados por montaje con luces de semáforos rojas y verdes y luego con automóviles que pasan, para después ampliar la toma a un cruce de calles de una transitada ciudad, que puede ser cualquier capital del mundo. En el cruce de pronto se detiene un automovilista de origen japonés (Yusuke Iseya) y que comienza a gritar que ha quedado ciego.

Este contagia con la ceguera, del tipo que hace que todo se vea blanco, al médico que lo atiende (Mark Ruffalo) y a su esposa (Yoshino Kimuna); luego de lo cual la infección se propaga por toda la ciudad. El ministerio de Salud declara la epidemia y pone en cuarentena a los infectados, los cuales van llegando en grupos a una especie de cárcel formada por pabellones. La mujer del médico (Julianne Moore) se hace pasar por ciega para poder acompañar a su esposo y no separarse de él. Esta pareja inmediatamente toma el liderazgo en el primer block; el que les es discutido sólo por un ladrón (Don McKellar, quien además es el guionista de la cinta), que finalmente asume el destino del pecador culposo.

Esta vida apartada y con reglas a definir de este grupo de ciegos es llevada visual y narrativamente hasta las últimas consecuencias por Meirelles, el cual utiliza como recurso de estilo el color blanco y la pérdida de foco, para simbolizar las transformaciones y la degradación de los individuos cuando no son libres y dependen de otros para cumplir sus necesidades básicas como la alimentación, el afecto y el sexo. Esto se hace más patente cuando en el pabellón tres, un individuo se autoproclama rey (Gael García Bernal) e intenta someter por la fuerza a todos los demás, requisando el alimento y obligándolos a entregar a cambio las cosas más preciadas que poseen.

Un pequeño grupo, donde aparte de las dos parejas citadas, se suma un niño (Mitchell Nye), una prostituta (Alice Braga) y un hombre con un parche negro en el ojo (Danny Glover) forman una nueva familia y se fugan hacia la ciudad, totalmente caótica, dejando una mínima esperanza como saldo de esta cinta, crudo retrato del mundo presente.


Alvaro Inostroza Bidart
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