martes, 7 de febrero de 2012

“EL ARBOL DE LA VIDA”

Rara vez se puede apreciar en las salas comerciales no sólo cine arte, sino cine conceptual o abstracto, características que cumple a cabalidad la cinta “El Arbol de la Vida” (2011) del singular cineasta estadounidense Terrence Malick.

Malick, de 68 años, había dirigido con anterioridad sólo cuatro largometrajes que demuestran su originalidad y su personal visión de Estados Unidos y del lenguaje cinematográfico: “Malas Tierras” (1973), “Días de Cielo” (1978), “La Delgada Línea Roja” (1998) y “El Nuevo Mundo” (2005), donde demuestra su capacidad de observación de la naturaleza, como ente creador y misterioso, en contraposición con la historia humana, plagada de contradicciones y destrucción.

En “El Arbol de la Vida” junto con narrar de un modo nada de tradicional la vida de la familia O’Brien, en el Texas de los años ’50; Malick paralelamente narra la historia del universo, de la vida, de la naturaleza; sin que resulte inármónica esta contraposición de hechos humanos y hechos de la historia pre humana o supra humana.

La familia O’Brien esta compuesta por el padre castigador y tradicional, en el sentido bíblico (Brad Pitt); su esposa (Jessica Chastain) y sus tres hijos: Jack (Hunter Mc Cracken), R.L. (Laramie Eppler) y Steve (Tye Sheridan).

A través de la unidad básica humana, la familia, Malick, quien dirigió y escribió el guión, muestra los celos, inseguridades y pasiones que el hombre desarrollará como especie. Jack, como hijo mayor, primero gozará de la atención y mimos de su madre y padre; y luego se rebelará contra ambos, cuando son capaces de tener otras hijos, que disputarán su afecto y preocupación.

Este rol del hijo caído adulto, símil de Adán y de Caín, es fundamental en el filme y lo interpreta Sean Penn, en narraciones paralelas, que siempre son audiovisuales y no literarias, ya que los diálogos son prácticamente inexistentes.

Alternadamente, con imágenes del universo, de volcanes, moleculares, de la superficie del sol, entre otras; Malick va haciendo un correlato abstracto, en que nos señala que la historia de los O’Brien es la historia de toda la humanidad, en un filme de gran fuerza visual y simbólica.
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