martes, 27 de septiembre de 2011

“DESTINO FINAL 5”

Dicen que es difícil o imposible burlar a la Muerte y que cuando ella nos viene a buscar no hay cómo sustraérsele. Esto es también lo que otros llaman el Destino, pero entendido como una fatalidad, no como algo que se puede construir el propio ser humano, con su voluntad y un poco de fortuna.

“Destino Final 5” (2011), dirigida por el debutante estadounidense Steven Quale, es la cuarta secuela sobre este tema, de la exitosa primera versión que se realizó en el año 2000 y que tuvo tres nuevas variantes entre el 2003 y el 2009, con dispar éxito de taquilla, dejando claro que son cintas de carácter comercial, que no tratan el tema con profundidad, sino que apuestan más por los golpes de efecto y sus soluciones visuales, cayendo incluso esta última en la tentación de la tecnología 3D.

En esta versión, un grupo de amigos y el jefe de algunos de ellos, se salvan milagrosamente en la caída de un gigantesco puente, que iban cruzando en un bus, por la visión anticipada que tiene del siniestro uno de ellos, Sam (Nicholas D’Agosto), lo que les permite burlar transitoriamente a la Muerte.

De ahí en adelante, el Hado vendrá a buscarlos uno por uno, en el mismo orden en que morían en la visión de Sam; y siempre morirán en actividades relacionadas con sus debilidades y preocupaciones. Primero será gimnasta Candice (Ellen Wroe); luego el frívolo Isaac (P.J. Byrne), la vanidosa Olivia (Jacqueline McImes), el déspota jefe Dennos (David Koechner), el desequilibrado Peter (Miles Fisher); y por último Sam, su novia Molly (Emma Bell) y el confiado Nathan (Arlen Escarpeta), que creyeron equivocadamente que se podía burlar a la Muerte y que, en un guiño de ojo a la primera versión, mueres a raíz de un accidente de avión. En este sentido, su mensajero es el perito forense William (Tony Todd), que logra transmitir algo del miedo que produce enfrentarse a la Mora.

La cinta, a pesar de sus logros visuales y las imágenes shock eficaces, no logra sorprender narrativamente y tampoco alcanza niveles de tensión significativos, que la dejan lejos de los aciertos de los maestros de suspenso y el horror.

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